Desde hace décadas la industria de la producción musical hace un uso intensivo de lo que fue un secreto a voces Auto-Tune. Una herramienta de corrección de la entonación que mejora las interpretaciones de los vocalistas, y que tiene su curioso origen en la tecnología para buscar petróleo.

A mediados de los años 70 el ingeniero Andy Hildebrand se doctoraba en una peculiar materia. El análisis matemático de las poblaciones del gorgojo de la alfalfa, una plaga agrícola. Sin embargo ya había participado en el desarrollo de sistemas de navegación anteriores al GPS. Y con su tesis bajo el brazo aterrizó en la industria petrolífera de Texas para buscar hidrocarburos bajo tierra por el estudio de las ondas sísmicas.

EL SONIDO DE LA NUEVA ERA

Su manejo de algoritmos matemáticos, su experiencia con el procesamiento de señales acústicas y su larga pasión por la música se conjuraron un día de 1995. Cuando durante un almuerzo con un grupo de colegas, Hildebrand preguntó qué era lo que debía inventarse. Una mujer allí presente, medio en broma, le pidió un aparato que le permitiera cantar sin desafinar. Por entonces, Hildebrand había hecho fortuna con sus modelos sísmicos, pero ya existía en la tecnología de procesamiento de señales musicales. Cinco años antes había fundado Antares Audio Technology, centrada en otros proyectos. Varios meses después de aquel almuerzo, el ingeniero pensó de repente que podía aplicar su conocimiento para lograr lo que aquella mujer deseaba, corregir la entonación al cantar, un fin para el que aún no existía ninguna tecnología disponible.

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Así, en 1997 nació Auto-Tune, originalmente una máquina, hoy generalmente un plug-in en las estaciones de audio digital. Fue un éxito inmediato. Los productores musicales comenzaron rápidamente a sacarle partido. Con el fin de evitar las innumerables grabaciones que hasta entonces se requerían, cortando y pegando hasta obtener la versión final perfecta de una canción; pasándola por el Auto-Tune, el sistema colocaba cada sílaba exactamente en su nota. La herramienta de Hildebrand ha sido calificada como la mayor innovación del pop en los últimos 20 años, o incluso como el sonido propio del siglo XXI.

EL IMPACTO DE CHER CON «BELIEVE»

Auto-Tune

El Auto-Tune dejó de ser un secreto cuando su uso se pervirtió, con resultados insólitos; en 1998 la cantante Cher lanzaba Believe, un hit mundial que dejaba a quienes lo escuchaban preguntándose: ¿cómo hacen eso? Las voces robotizadas no eran una novedad en la música; Kraftwerk había popularizado el procesamiento de la voz a través del vocoder, un sintetizador inventado ya en 1938, en tiempos analógicos. Pero el efecto en las vocalizaciones de Cher era algo diferente y totalmente nuevo. Pese a ello, los productores trataron de ocultar el secreto, alegando que habían utilizado un tipo de vocoder. Pero no pudieron seguir con la mentira.

El Auto-Tune dispone de un regulador de la velocidad de transición entre las notas, del cero (instantáneo) al diez (más lento). En lugar de aplicar la dosis justa para suavizar las transiciones, los productores de Believe bajaron el mando al cero, consiguiendo esos saltos instantáneos de una nota a otra que daban a la voz esa cualidad artificiosamente cristalina.

Como toda buena idea tiene después su legión de imitadores, el uso extremo del Auto-Tune se popularizó tanto que llegó a utilizarse, según el propio Hildebrand, hasta en una llamada musulmana a la oración. Incluso quienes lo han denostado, como el rapero Jay-Z o la cantante Christina Aguilera, también lo han utilizado. En 2010 la revista Time incluyó el Auto-Tune en su lista de los 50 peores inventos. Y pese a ello, se dice que hoy se emplea en el 99% de la música pop actual.

Para bien o para mal, lo que en principio era una broma de una dama a un amigo hoy es uno de los inventos mas grandes dentro de la música. Algo que cambio por completo el generó musical en toda su extensión.

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