Carta a un pueblo oprimido Tú que has tenido que partir de tu tierra, aunque cada segundo extrañes el olor de tu hogar, los ruidos de tu barrio y la risa de tu abuela, debes saber que no estás solo. Cuentas con miles de antorchas humanas que, como atalayas unidas a kilómetros de distancia, te enviamos una señal de esperanza porque sabemos que has salido a buscar refuerzos. Ves sangrar a tu patria y has enmudecido ante la bestialidad humana. Estamos aquí porque la mejor herramienta de progreso es la edificación mutua; sin tener en cuenta nacionalidad u origen, todos en algún momento hemos sentido la necesidad de servir a otros. Nuestra tierra lleva mucho tiempo en sufrimiento. Habitamos un continente que lleva siglos recibiendo el azote de generales y caudillos, «hombres fuertes», que en su debilidad han conducido sus naciones como haciendas personales. Ellos nos acostumbraron a tener instituciones débiles y constituciones a su medida. Sin haber abierto un libro, colgaron su retrato en las escuelas; causantes de las mayores heridas, pusieron su nombre en los hospitales. Se sucedieron en sangrientas revoluciones a las que nunca enviaron a sus hijos y nos arrancaron la libertad que nuestros próceres nos dieron. Un viento frío subió del sur, un soplo helado de muerte y tortura; un vaho sofocante descendió del Caribe, una fumarada de opresión y miseria. Millones salieron de sus países, atravesando los Andes o lanzándose al mar en frágiles tablas, más dispuestos a ahogarse o a congelarse que a tolerar la agonía de morir en vida. Te doy las gracias por resistir el peso del dolor, por soportar la indiferencia, por no darte por vencido y curtirte en el terror. Hay que ser muy valiente para sonreír cuando se está quebrado por dentro y no tener otro remedio que dejar el lugar que amas o entregar la vida por su libertad. Gracias por darnos a todos un motivo profundo para defender nuestras convicciones y valorar nuestra democracia. Tu trabajo es hacer de la realidad un plano más profundo, es decirle al mundo moderno y a la realidad distorsionada que con tus sueños no se juega. Tu trabajo es enfrentar la desquiciada ironía del pragmatismo, y derrumbar la falsa imagen que intenta exportar la miseria a todos los lugares. Mira bien a este mexicano con corazón de arepa, que late con versos de Rubén Darío y sufre taquicardias al ritmo del son, que te dice que siempre habrá días difíciles, donde el dolor será paralizante, pero nada es para siempre. Pudiste haberlo perdido todo estos últimos 10, 20 o 60 años, pudieron haberte robado todo, pero aún tienes vida para recuperarlo todo. Hoy lo intentaremos de nuevo, porque ha llegado el momento de obtener una victoria total. La única manera de acabar con el mal es estar enfocados en el bien; no hay fronteras entre nosotros. Muchos te dirán mañana que ya no vale la pena luchar, pero falta poco para que esas lágrimas tengan su recompensa, y esas heridas sean transformadas en sonrisas. Es tiempo de limpiarse y sacudirse el polvo, de aprender que de las malas rachas nacen las buenas etapas. Surgirás indestructible como el diamante. A partir de hoy, solo hablarás de victorias. Y aunque la vida nos tumbe los dientes, sigamos firmes porque nada ni nadie puede detener a un continente que jamás se da por vencido. Doblemos las rodillas e impulsémonos con ella para que las fronteras sean abiertas y lo que toque Dios jamás sea cerrado. América. Ruge, ruge. ¡Ruge! No es tiempo de tenerle miedo a la vida, sino de que la vida nos tema a nosotros. ¡Dios te bendiga! #danielhabif #inquebrantables

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