La progresiva vuelta a la actividad económica tras semanas de confinamiento anima la cotización del crudo. No obstante, la demanda de energía seguirá mermando: caerá este año un 6 %, lo que supondrá el mayor descenso de las últimas siete décadas


El precio del barril de petróleo Brent para entrega en junio se dispara este jueves casi el 9 % en el mercado de futuros de Londres, hasta los 26,35 dólares, con lo que mantiene el fuerte rebote que se anotó en la víspera de más del 10 %, tras una subida menor de lo esperado de las reservas estadounidenses.

Las reservas de crudo de Estados Unidos subieron la semana pasada en 10 millones de barriles, frente a los 10,6 millones que esperaba el mercado, lo que rebajó el temor a superar la capacidad de almacenaje.

Asimismo, el hecho de que muchos países hayan comenzado a relajar las medidas de confinamiento por el coronavirus, y la progresiva vuelta a la actividad económica, anima la cotización del Brent, lastrado en los últimos meses por la fuerte caída de la demanda.

Al igual que el Brent, el precio del barril de petróleo intermedio de Texas (WTI) – el de referencia en EEUU- sube este jueves un 17 % fuera del horario oficial del mercado, hasta los 17,41 dólares.

En la jornada de ayer, el Texas para entrega en junio rebotó un 22,04 %.

Bolsas

Las acciones de Wall Street abrieron a la baja el jueves luego de otro aumento de las solicitudes de desempleo a raíz de los cierres de coronavirus, compensando los fuertes resultados de los gigantes tecnológicos.

Unos 15 minutos después de la sesión, el Dow Jones Industrial Average había caído un 1,2 por ciento y el S&P 500 de base amplia cayó un 1,0 por ciento, mientras que el índice compuesto Nasdaq ganaba un 0,4 por ciento.

Otros 3.84 millones de trabajadores estadounidenses solicitaron subsidios de desempleo la semana pasada y el total ahora ha superado los 30 millones en seis semanas, según datos del Departamento de Trabajo.

Esas cifras se produjeron cuando el Banco Central Europeo predijo que la economía de la eurozona podría reducirse entre un cinco y un 12 por ciento este año debido a la crisis del coronavirus.

“Nos enfrentamos a una contracción económica de una magnitud y velocidad sin precedentes en la historia reciente”, dijo la directora del Banco Central Europeo, Christine Lagarde.

Tras las palabras de Lagarde, las bolsas del Viejo continente registraban caídas de entre el 1 y el 2,5%.

La demanda de energía registrará la mayor caída en 70 años

Pese a la suba de los últimos días, el precio del crudo sigue bajo y no se avizora una recuperación en el corto plazo en medio de la caída de la demanda causada por la crisis del coronavirus.

Este jueves, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) informó que la demanda global de energía caerá este año un 6 %, lo que supondrá el mayor descenso de los últimos 70 años y, como la baja será más acusada para los combustibles fósiles, las emisiones de CO2 se reducirán en un 8 %.

En su informe anual de previsiones publicado este jueves, la AIE destaca que el impacto de la pandemia del coronavirus sobre el mercado de la energía en 2020 será más de siete veces superior al que tuvo la crisis financiera de 2008.

El combustible que resultará más afectado será el petróleo, con un descalabro del 9 %, lo que significa que se consumirán de media 9,3 millones de barriles diarios menos que en 2019, con lo que se retrocederá a los niveles de 2012.

En segundo lugar vendrá el carbón, con un retroceso del 8 %, que se debe en parte a una contracción de la electricidad del 5 % (algo que solo es comparable a lo ocurrido durante la Depresión de los años 30), pero también al parón de la actividad a comienzos de año en China y en otros grandes consumidores de ese mineral.Imagen de archivo de las humeantes chimeneas de una planta energética a carbón operada por PGE Group cerca de Belchatow, Polonia. 28 noviembre 2018. REUTERS/Kacper Pempel

Imagen de archivo de las humeantes chimeneas de una planta energética a carbón operada por PGE Group cerca de Belchatow, Polonia. 28 noviembre 2018. REUTERS/Kacper Pempel

El gas, que llevaba diez años de incremento sin interrupción, sufrirá una contracción del 5 %, algo que no ocurría desde la primera mitad del siglo XX.

Las renovables son las únicas que progresarán, aunque muy levemente, y romperán así con la tendencia general, gracias a su acceso prioritario a las redes de distribución y a sus bajos costes operativos.Un campo eólico en Latimer, Iowa (REUTERS/Jonathan Ernst)

Un campo eólico en Latimer, Iowa (REUTERS/Jonathan Ernst)

La agencia, que reúne a buena parte de los países de la OCDE, calcula que la generación de electricidad con fuentes renovables aumentará un 5 %, un ritmo en cualquier caso inferior al de los ejercicios precedentes, mientras la producida en centrales nucleares se recortará un 3 %.

La consecuencia de la contracción de los combustibles fósiles a un ritmo mayor que el resto será un 8 % menos de emisiones de dióxido de carbono (CO2), el principal gas causante del calentamiento climático.

Con ese desplome, el mayor constatado hasta ahora, se volverá así al volumen de emisiones de hace una decena de años. Para establecer una comparación, la reducción de 0,4 gigatoneladas de CO2 en 2009 provocada por la crisis financiera no llegará a ser ni la sexta parte del recorte de 2,6 gigatoneladas que se espera en 2020.

Por regiones, la Unión Europea y Estados Unidos experimentarán descensos muy significativos en la demanda de energía, en torno al 10 % respecto a 2019, dos veces más que los constatados allí durante la crisis financiera hace casi una docena de años.

En China, el recorte se espera superior al 4 %, lo que contrasta con el ritmo de progresión anual de casi el 3 % desde 2010.

En el primer trimestrela demanda global de energía cayó un 3,8 %, con un descenso particularmente acusado en marzo, cuando se aplicaron medidas de confinamiento en muchos países europeos, en Norteamérica y en otras partes del mundo.

La energía que sufrió la mayor caída en ese trimestre fue el carbón (-8 %), en primer lugar porque China fue el país más golpeado por la epidemia a comienzos de año y la suya es una economía que se asienta en gran medida en ese combustible.

Por lo que respecta al petróleo, el consumo bajó casi un 5 % en el conjunto del trimestre a causa del transporte terrestre y de la aviación. La caída se agudizó a finales de marzo, cuando la actividad en el transporte era un 50 % inferior a la de un año antes y la de la aviación, un 60 %.

En el gas, el impacto de la crisis fue mucho más moderado, con un descenso del 2 %, mientras las renovables fueron las únicas que experimentaron un incremento en razón del aumento de las capacidades instaladas.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, señaló que “todavía es demasiado pronto para determinar las consecuencias a largo plazo, pero el sector de la energía que emerge de esta crisis será significativamente diferente del que había hasta ahora”.

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