“Sin diálisis no podemos vivir”, fue uno de los llamados de auxilio de varios pacientes renales en la ciudad de Mérida. Los afectados, solicitan ayuda urgente, ya que ante las precarias condiciones y la escasez de insumos no logran completar todo su tratamiento. Además explican que tienen temor de morir.

Como en toda Venezuela, en Los Andes del país los pacientes crónicos sufren día tras día. Luis Liendo tiene tres años siendo dializado, dijo que actualmente la falta de bicarbonato de sodio complica el tratamiento de él y otros compañeros en Diamerca.

“Eso no se puede conseguir en ninguna farmacia, esto solo lo trae el Seguro Social”, apuntó.

Ellos necesitan tres diálisis por semana durante cuatro horas diarias, tiempo que se ha reducido por la situación país, afectando sus tratamientos y deteriorando su salud.

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“Es complicado salir de aquí de a las 5.00 o 6:00 de la tarde y que el personal se pueda trasladar hasta sus casas, entonces por ser solidarios nos dializan menos tiempo para que ellos puedan llegar temprano a sus casas y no se compliquen con el transporte”.

INEFICIENCIA DEL IVSS MÉRIDA

Ante la falta de un plan de soluciones por parte del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS), son los mismos pacientes quienes en horas de la madrugada buscan al personal para llevarlos al centro de diálisis y no perder sus ciclos.

“De lo contrario se inicia más tarde y nos tienen que quitar tiempo, otros llegan por su cuenta pero el horario es más tarde”, indica Deyvi Rivas quien tiene cuatro años en tratamiento.

FAMILIARES DE PACIENTES TAMBIÉN SUFREN

Sergio Basabe es esposo de Maritza Mendoza, dijo que el hecho de que falte el bicarbonato de sodio es un impedimento, porque al perder una diálisis obliga al organismo a trabajar forzadamente, al corazón y otros órganos.

“Eso trae aumento de liquido y al no expulsarlo trae consecuencias de contaminación en la sangre que los perjudica hasta causarles la muerte, “queremos que nuestros familiares vivan”.

Cada uno de los pacientes aporta una cantidad de dinero en dólares, aunque es el Estado el responsable de garantizar la salud y la vida de los ciudadanos, “damos un aporte mensual para cubrir las necesidades que se tienen adentro de la institución y fuera de ella, el Estado no aporta ni las tres cuartas partes de lo que nosotros aportamos”, lamentó.

Las máquinas están deterioradas y los pacientes hacen aportes económicos para que los técnicos hagan el respectivo mantenimiento, igualmente la escasez de combustible hace más difícil el ya caótico escenario para movilizarse cada semana.

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