El acceso al agua es toda una dificultad en Petare, sobre todo en el barrio Unión, uno de los más populares de la parroquia. Sus habitantes, sin dinero para pagar cisternas, atraviesan lo que consideran un infierno en plena pandemia de la COVID-19.

«Era crítico; en un preescolar no teníamos agua. La comunidad tampoco. Entonces, cuando teníamos clases presenciales, solicitábamos agua a los representantes, pero era muy difícil», señaló Rosa Pinto, docente del plantel Fermín Toro, que lleva varios años sin agua.

Rosa Pinto, docente

Al igual que Pinto, la docente Albany Mejía condenó que por la falta de agua, muchos niños no pudieran acudir a clases. «Los niños no podían venir porque no teníamos cómo garantizar la higiene».

En la escuela, que alberga a casi 400 alumnos, los docentes tenían que pedirle a los representantes que enviaran tobos con agua, para poder garantizar las medidas sanitarias. Esta situación empeoró con la llegada de la COVID-19, que obligó a las personas a extremar la higiene para evitar contagiarse.

«¿Cómo uno garantiza la higiene si no tiene agua?», comentaron los docentes a Caraota Digital.

María Sandoval, vecina del barrio Unión, indicó que el acceso al agua, que es un derecho humano, se ve vulnerado cada día en la zona. «Acá nadie tiene dinero para pagar un cisterna. Hay que caminar con un poco de tobos hasta la casa para medio bañarse».

El barrio Unión es uno de los más populares de Petare

Petare sin agua

La escasez de agua es un problema de vieja data en Venezuela. Según el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (Ovsp), el 44,2% de los ciudadanos encuestados en doce ciudades del país, señaló que almacenaban agua en sus hogares, por la escasez de esta.

Incluso para solventar la falta de suministro de agua por tuberías, el 23,3% de los encuestados paga cisternas para surtir sus hogares. El pago, en divisas, es prácticamente inalcanzable para gran parte de los ciudadanos, cuyo salario no supera los diez dólares al mes.

Ante esto, la Embajada de Francia financió el programa Innovadores de la Sociedad Civil y Coalición de Actores (Piscca), con el que casi dos mil petareños del barrio Unión podrán volver a tener agua.

«El agua de lluvia cae en el techo, es filtrada, pasa por unas tuberías de conducción a un tanque separador de sedimentos, luego por otro filtro y es bombeada y clorada, para su potabilización», indicó Sánchez Berti.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *