Transcurrían los adorados años 90 en Caracas, y yo apenas era un niño que comenzaban a tener uso de razón, lleno de inocencia y alegría. Aún en mi mente están intactas las imágenes de un Walkman color amarillo, al rebobinar el cassette de lo más profundo de mi memoria.

Con aquel aparato recuerdo escuchar una y otra vez La macarena; el one hit wonder que puso a bailar a toda una década.

Con este reproductor se podían escuchar cassette. Foto: archivo.

Muchos dicen que crecer en la capital de tu país es un gran privilegio, quizá por esa imagen de grandeza que siempre nos han vendido de las grandes metrópolis del mundo, pero como muchas cosas en la vida, las ciudades suelen teñirse de claroscuro, y Caracas no es la excepción.

CARACAS: RING RING VS BANG BANG

Como muchos caraqueños me tocó crecer en un peligroso barrio de la ciudad. En esos primeros destellos de lucidez recuerdo haber tenido un gran camión color rojo con verde, y de grandes ruedas negras, el cual era tan grande que podía subirme en él.

Telefono de disco. Foto referencial

Asimismo, recuerdo a «Ring Ring», mi gato de juguete color blanco y negro que sostenía una bocina roja y tenía varios botones amarillos, que al marcar encendía sus ojos azules y emitía el sonido típico del teléfono de disco que había en casa.

Un disparo en la venta de la sala de mi casa que casi le quita la vida a mi abuela. Foto Johny Pérez, Caraota Digital

En mi mente todo lucía perfecto, sin nada a que temer. Desgraciadamente, no todo podía ser felicidad y mi burbuja creada en un hogar humilde, disciplinado, y lleno de valores se vio perturbada.

Desde muy joven me acostumbré al angustiante sonido de los disparos, producido por las incesantes balaceras; las cuales sin poder hacer nada ya eran parte de mi corta existencia y estaban allí mucho antes de nacer.

SANGRE, MUERTOS Y ACOSTUMBRADO A LA VIOLENCIA EN CARACAS 

Nunca supe lo que era jugar en la calle, ante las grandes posibilidades de morir por una bala perdida, miedo que tuve que asimilar desde muy joven. Los adultos en mi casa lo repetían siempre a mis hermanos mayores «no vengan tarde es peligroso», aunque los tiroteos no tienen ni hora ni fecha en el calendario. 

Todo era cierto, mis primeros recorridos hacia el colegio me tocó ver de cerca a cadáveres recientemente asesinados; recuerdos que hasta el sol de hoy, son difíciles de borrar. 

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En esos momentos el grito desesperado de las madres era ensordecedor, mientras un charco de sangre colmaba esas terribles escenas.

Desgraciadamente, el tormento no acababa allí, decenas de cortejos fúnebres partían desde la zona, con el tradicional baile del ataúd, coronas de flores, llantos, motorizados haciendo piruetas, y tiros al aire. 

Pasaban los meses, años y la situación no cambiaba, tocaba convivir con los enfrentamientos, como una especie de cárcel impuesta; cuyos barrotes eran el terror a las balas.

Habían semanas en las cuales la soledad y el silencio brillaban a plena luz del día, clara señal del miedo a ser asesinado. 

Con el tiempo la frase «Allá Cayó» se hizo popular no solo en Caracas, sino en todas las zonas populares de Venezuela, en clara referencia a la canción del grupo de ska venezolano Desorden Público. 

Como dice la canción a muchos «le pintaron su muñequito al pisar la cera». Foto referencial.

Los muertos no siempre eran malandros, drogadictos, o alguien que andaba en “malos pasos”, en mi zona como en otras partes de la capital asesinaban por un par de zapatos (Jordan), lo que para las generaciones que vinieron después evolucionó al robo de teléfonos, fenómeno que ha enlutado a miles de familias venezolanas. 

«SIN CADENAS SOBRE LOS PIES»

Por una extraña razón el género del ska de ese entonces se convirtió en una especie de soundtrack. Una de las canciones que solía escuchar al llegar del colegio era Sin Cadena, del grupo argentino Los Péricos, al estar el videoclip en rotación en el recordado Puma TV; canal responsable de que me guste el rock y la música alternativa.

Al ir creciendo la frase «sin cadenas sobre los pies» tuvo un gran significado para mí, porque era una forma muy poética de ver gran parte del problema de la violencia caraqueña desde su raíz.

Menores de edad tenían acceso a armas. Foto referencial

Y es que veía a muchos jóvenes de mi edad andando «sin cadenas sobre los pies», avanzando hacia los malos ejemplos que se veían a todas horas en el lugar donde crecí, sin ninguna figura de autoridad, simplemente criados a merced de las oscuras y peligrosas calles. Muy pronto muchos cambiaron los patines en línea, pelotas de goma, bates, y guantes de béisbol, por armas de fuego que ni siquiera podían sujetar con sus manos. 

Ya de adulto no puedo ocultar mi angustia al escuchar canciones como «Por estas calles» de Yordano, y saber que aún tienen una fuerte vigencia, a juzgar por lo que ocurre en la Cota 905, y La Vega, que sin lugar a dudas es mucho peor de lo que yo viví de niño. Por eso en este aniversario 454 de Caracas, me gustaría tener una varita mágica para cambiar la realidad de la ciudad que me vio nacer.

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